
jueves, 18 de junio de 2009
miércoles, 17 de junio de 2009
VI. Mi primera vez ante mi pareja
Llevaba unas semanas fijándome en el vestuario del ropero de mi pareja. Era simple curiosidad, pero supongo que el hecho de que volviera de nuevo a mí la misma después de tantos años significaba algo. Creo que quizás el hecho de llegar a una rutina como modo de vida con ella hizo que se me pasara por la cabeza el echar mano de su ropa para de paso animar un poco la situación tanto a nivel emocional como quizás también sexual.
El hecho es que una noche, aprovechando que estábamos en la semana de carnaval, mientras ella estaba en otra dependencia de la casa ocupada en sus cosas, me dirigí a su armario y me puse una blusa y una falda suyas, con ropa interior incluida. Y así vestido pasé por delante de ella como si nada, como lo más natural del mundo aunque saltaba a la vista que yo estaba temblando y no por el frío precisamente (que también lo hacia). Se me quedó mirando, muda, sin articular palabra, como pensando en lo que acababa de ver o más bien asimilando lo que acababa de ver pasar ante ella. Al ver su reacción le pregunté que qué le pasaba, que por qué estaba mirándome fijamente de esa manera (en el fondo soy muy sarcástico, jeje), a lo que me contestó que qué hacía vestido de aquella manera. Le comenté que me disfracé ya que era carnaval, y creo que eso la hizo gracia. Me dijo que me quedaba muy bien. El caso es que me quedé así vestido un buen rato.
En los siguientes días, y como queriéndome informar bien de la importancia que ella había dado a esto, (en realidad ninguna ya que era simplemente un disfraz en un dia festivo para ello) le fui lanzando insinuaciones: que si me hubiera gustado vestirme mejor pero no tuve tiempo, que si quizás lo haría de nuevo para así poderme hacer una foto, etc. El hecho es que finalmente accedió sin problemas a que me volviera a vestir de mujer con la excusa de poderme hacer una foto; pero esta vez le dije que tenía que ser ella quien escogiera la ropa que quisiera que me pusiera, y después que me maquillase también.
Todo ello me produjo la misma sensación que la del primer día que lo hice cuando era niño: nervios, temblor, excitación, etc.... de hecho era la primera vez que me vestiría así estando alguien más junto a mí, no era ya sólo para mi propia intimidad sino que era compartirlo con la mujer que amaba en ese momento. Además el hecho de que fuera ella la encargada de seleccionar todo lo necesario para mi transformación me hacía subir aún más la líbido.
Así que me puso todo lo necesario sobre la cama: lencería, ropa, etc y me vestí junto a ella. Qué momento más inolvidable, hacía años que no hacía aquello y era como empezar de nuevo. Me ayudó a vestirme y a continuación me maquilló y me prestó algún collar y pendientes. Eché a faltar el calzado, pero mi numeración de zapato era mayor que la suya.
Una vez vestido, empezó a tomarme alguna que otra foto, y yo encantadísimo de que me las tomara. Llevaba una sobreexcitación continua en mí, la cual era aparente y saltaba a la vista, y ella así lo notó y me lo comentó. Hay cosas que no engañan a la vista y solo con observar el bulto bajo mi falda lo aclaraba todo. Nada me hubiera gustado más en ese momento que hacer el amor con ella vestido de mujer, algo nuevo para mí y supongo que también para ella..
El hecho es que una noche, aprovechando que estábamos en la semana de carnaval, mientras ella estaba en otra dependencia de la casa ocupada en sus cosas, me dirigí a su armario y me puse una blusa y una falda suyas, con ropa interior incluida. Y así vestido pasé por delante de ella como si nada, como lo más natural del mundo aunque saltaba a la vista que yo estaba temblando y no por el frío precisamente (que también lo hacia). Se me quedó mirando, muda, sin articular palabra, como pensando en lo que acababa de ver o más bien asimilando lo que acababa de ver pasar ante ella. Al ver su reacción le pregunté que qué le pasaba, que por qué estaba mirándome fijamente de esa manera (en el fondo soy muy sarcástico, jeje), a lo que me contestó que qué hacía vestido de aquella manera. Le comenté que me disfracé ya que era carnaval, y creo que eso la hizo gracia. Me dijo que me quedaba muy bien. El caso es que me quedé así vestido un buen rato.
En los siguientes días, y como queriéndome informar bien de la importancia que ella había dado a esto, (en realidad ninguna ya que era simplemente un disfraz en un dia festivo para ello) le fui lanzando insinuaciones: que si me hubiera gustado vestirme mejor pero no tuve tiempo, que si quizás lo haría de nuevo para así poderme hacer una foto, etc. El hecho es que finalmente accedió sin problemas a que me volviera a vestir de mujer con la excusa de poderme hacer una foto; pero esta vez le dije que tenía que ser ella quien escogiera la ropa que quisiera que me pusiera, y después que me maquillase también.
Todo ello me produjo la misma sensación que la del primer día que lo hice cuando era niño: nervios, temblor, excitación, etc.... de hecho era la primera vez que me vestiría así estando alguien más junto a mí, no era ya sólo para mi propia intimidad sino que era compartirlo con la mujer que amaba en ese momento. Además el hecho de que fuera ella la encargada de seleccionar todo lo necesario para mi transformación me hacía subir aún más la líbido.
Así que me puso todo lo necesario sobre la cama: lencería, ropa, etc y me vestí junto a ella. Qué momento más inolvidable, hacía años que no hacía aquello y era como empezar de nuevo. Me ayudó a vestirme y a continuación me maquilló y me prestó algún collar y pendientes. Eché a faltar el calzado, pero mi numeración de zapato era mayor que la suya.
Una vez vestido, empezó a tomarme alguna que otra foto, y yo encantadísimo de que me las tomara. Llevaba una sobreexcitación continua en mí, la cual era aparente y saltaba a la vista, y ella así lo notó y me lo comentó. Hay cosas que no engañan a la vista y solo con observar el bulto bajo mi falda lo aclaraba todo. Nada me hubiera gustado más en ese momento que hacer el amor con ella vestido de mujer, algo nuevo para mí y supongo que también para ella..
viernes, 12 de junio de 2009
Contradicción
Es curioso. Pero en ocasiones, cuando tengo un día ya señalado para vestirme y salir con otras chic@s, tal como se va acercando la hora de hacerlo mi necesidad por transformarme va menguando. Incluso estando ya vestid@ y ya lista para dar una vuelta, me he quedado en lugar donde estaba y regresado a casa.
Tanto anhelo por transformarme, y después me es indiferente. Tened en cuenta que dicho que esta sensación ocurre sólo en ocasiones, no siempre, ¿eh?
Supongo que son tantas las ganas de hacerlo, que cuando se acaba realizando ya pierde parte de eso "prohibido" que tanto atrae. Si se normalizara la situación de que los hombres pudiesen salir vestidos de mujer, deduzco que esa necesidad de hacerlo disminuiria y lo llevaríamos más natural. Sencillamente hoy salgo con falda y medias, y mañana con pantalón y calcetín.
Tanto anhelo por transformarme, y después me es indiferente. Tened en cuenta que dicho que esta sensación ocurre sólo en ocasiones, no siempre, ¿eh?
Supongo que son tantas las ganas de hacerlo, que cuando se acaba realizando ya pierde parte de eso "prohibido" que tanto atrae. Si se normalizara la situación de que los hombres pudiesen salir vestidos de mujer, deduzco que esa necesidad de hacerlo disminuiria y lo llevaríamos más natural. Sencillamente hoy salgo con falda y medias, y mañana con pantalón y calcetín.
viernes, 22 de mayo de 2009
Travestismo laboral: ¿medio o fin?
Siempre pienso lo afortunados que son ciertos humoristas al poder transformarse en varias personas con la excusa de estar realizando su trabajo. Y más que nada pienso en los que se transforman en mujer para realizar sus números y scketches, como fue el caso en su día de los Martes y 13, y posterioremente de los Cruz y raya. Y sobretodo pienso en Paco León y sus caracterizaciones de personajes femeninos.
Además de realizar su trabajo los maquillan perfectamente y los visten en ocasiones muy sexys, dependiendo del personaje al que interpreten. Claro, estar en manos de maquilladores y estilistas profesionales los convierten casi en mujeres 10, y poderse mostrar así ante el público supongo que debe ser fantástico.
Todo esto lo digo poniéndome yo en su piel, que ya me gustaría a mí. Sin embargo me pregunto si a alguno de estos humoristas les gusta realmente travestirse o simplemente lo hacen por trabajo. En caso de ser lo primero, ¡qué placer hacer lo que te gusta y cómo te gusta!.
Aunque no todo deben ser ventajas para ellos. Veo un posible inconveniente; y es que en su vida cotidiana fuera de sus trabajos, no les sería fácil pasar desapercibidos por la calle si algún día les diera por salir travestidos. Al menos si lo hago yo, como no soy popular, tengo un 99% de posibilidades de que no me reconozcan.
Aún así, sopesando ambas cosas, preferiría trabajar travistiéndome; ese agradable rato nadie me lo quitaría y ni sería cuestionado el por qué lo hago.Sigue, sin embargo, quedándome una pregunta en el aire.
Dada la facilidad con que estos humoristas se travisten, ¿podría ser que dicha afición hubiera sido el motivo para dedicarse al trabajo que se dedican? O sea, una manera camuflada de travestirse ante el público
Además de realizar su trabajo los maquillan perfectamente y los visten en ocasiones muy sexys, dependiendo del personaje al que interpreten. Claro, estar en manos de maquilladores y estilistas profesionales los convierten casi en mujeres 10, y poderse mostrar así ante el público supongo que debe ser fantástico.
Todo esto lo digo poniéndome yo en su piel, que ya me gustaría a mí. Sin embargo me pregunto si a alguno de estos humoristas les gusta realmente travestirse o simplemente lo hacen por trabajo. En caso de ser lo primero, ¡qué placer hacer lo que te gusta y cómo te gusta!.
Aunque no todo deben ser ventajas para ellos. Veo un posible inconveniente; y es que en su vida cotidiana fuera de sus trabajos, no les sería fácil pasar desapercibidos por la calle si algún día les diera por salir travestidos. Al menos si lo hago yo, como no soy popular, tengo un 99% de posibilidades de que no me reconozcan.
Aún así, sopesando ambas cosas, preferiría trabajar travistiéndome; ese agradable rato nadie me lo quitaría y ni sería cuestionado el por qué lo hago.Sigue, sin embargo, quedándome una pregunta en el aire.
Dada la facilidad con que estos humoristas se travisten, ¿podría ser que dicha afición hubiera sido el motivo para dedicarse al trabajo que se dedican? O sea, una manera camuflada de travestirse ante el público
martes, 19 de mayo de 2009
V. Años de olvido
A partir de entonces todo empezó a cambiar un poco. Quizás porque con 19 años ya comencé a estudiar una carrera universitaria, fui al servicio militar, me introduje en el mercado laboral, etc. Es decir, estaba totalmente ocupado y con otras preocupaciones que reclamaban más mi atención y eran más importantes en mi vida.
Así fue como poco a poco mi afición a travestirme fue decreciendo en cuanto a la frecuencia de practicarla. Sin embargo mi curiosidad y fascinación por los travestís no decreció. Los consideraba como unos artistas, ya que todo arte de transformación lo es.
Pasaron como siete u ocho años, hasta que comencé una relación con la que sería mi pareja durante años, en los que apenas sentí la necesidad de transformarme, aunque recuerdo que cuando en alguna discoteca o bar o simplemente por la calle veía algún travestido, mi atención se volvía hacia él, y me fijaba en como iba vestido y como me gustaría a mí también ir como él. Era el único momento en que ese gusanillo que tenía enterrado asomaba la cabeza por un instante.
A continuación comencé a vivir mi vida en pareja con la mujer que anteriormente mencioné durante ocho años. Y fue en el sèptimo año que desenterré de nuevo ese gusanillo, y cómo no, también por las fiestas de carnaval.
Así fue como poco a poco mi afición a travestirme fue decreciendo en cuanto a la frecuencia de practicarla. Sin embargo mi curiosidad y fascinación por los travestís no decreció. Los consideraba como unos artistas, ya que todo arte de transformación lo es.
Pasaron como siete u ocho años, hasta que comencé una relación con la que sería mi pareja durante años, en los que apenas sentí la necesidad de transformarme, aunque recuerdo que cuando en alguna discoteca o bar o simplemente por la calle veía algún travestido, mi atención se volvía hacia él, y me fijaba en como iba vestido y como me gustaría a mí también ir como él. Era el único momento en que ese gusanillo que tenía enterrado asomaba la cabeza por un instante.
A continuación comencé a vivir mi vida en pareja con la mujer que anteriormente mencioné durante ocho años. Y fue en el sèptimo año que desenterré de nuevo ese gusanillo, y cómo no, también por las fiestas de carnaval.
miércoles, 22 de abril de 2009
Longevidad travestista
Llevo ya más de una semana, casi dos, durante la cual mis ganas de vestir femenina se mantiene, y ello incluso después de haberlo conseguido un par de veces. Suele ocurrir que una vez hecho, esta necesidad se debilita al menos un par de días; pero en esta ocasión cada vez que me he travestido en cuestión de horas recuperaba esas ganas.
No sé si también se deberá a la estación del año en que hemos entrado: primavera, o a que es más rápido, fácil y practico a la hora de vestir: con un short, una mini, un tanga y un calzado cómodo ya está, y no hace falta más.
Esto contradice lo que comentaba en mi anterior post, en el que decía que esa necesidad se aliviaba travistiéndome. Lo hice el fin de semana tal como predije pero no ha decrecido, y creo que lo volveré a hacer el próximo. Y si me atrevo incluso saldré por la calle, quizás solo y todo si finalmente no puedo quedar con amig@s como yo, que es como tengo previsto hacerlo.
No sé si también se deberá a la estación del año en que hemos entrado: primavera, o a que es más rápido, fácil y practico a la hora de vestir: con un short, una mini, un tanga y un calzado cómodo ya está, y no hace falta más.
Esto contradice lo que comentaba en mi anterior post, en el que decía que esa necesidad se aliviaba travistiéndome. Lo hice el fin de semana tal como predije pero no ha decrecido, y creo que lo volveré a hacer el próximo. Y si me atrevo incluso saldré por la calle, quizás solo y todo si finalmente no puedo quedar con amig@s como yo, que es como tengo previsto hacerlo.
viernes, 17 de abril de 2009
Relación directa estrés-travestirme
Estoy estresada, ansiosa, el cerebro revolucionado. Llevo tres días laborablemente hablando en que el trabajo es intenso, como un grifo que no para de gotear van cayendo tareas de forma continua sin descanso entre una y otra y hasta se acaban acumulando. Ello coincide con unas ganas enormes de travestirme. Es curioso pero con frecuencia coinciden ambas cosas. Es como una válvula de escape.
En momentos en que necesito relajación y tranquilizarme me viene la necesidad de adquirir apariencia femenina, y el hecho de no poder realizarlo en el momento más álgido de esta necesidad hace que aumente aún más mi ansia. Mezclando estrés y ansia ya os imaginaréis que ganas tengo de explotar.
Veo difícil este fin de semana de poder satisfacer dicho anhelo; veremos como lo supero, sino el lunes no sé cómo será el comienzo de semana. El hecho de haber escrito este texto referiéndome a mi persona en femenina, es ya un síntoma y remedio momentáneo a la vez, de sentirme más relajada ahora mientras escribo
En momentos en que necesito relajación y tranquilizarme me viene la necesidad de adquirir apariencia femenina, y el hecho de no poder realizarlo en el momento más álgido de esta necesidad hace que aumente aún más mi ansia. Mezclando estrés y ansia ya os imaginaréis que ganas tengo de explotar.
Veo difícil este fin de semana de poder satisfacer dicho anhelo; veremos como lo supero, sino el lunes no sé cómo será el comienzo de semana. El hecho de haber escrito este texto referiéndome a mi persona en femenina, es ya un síntoma y remedio momentáneo a la vez, de sentirme más relajada ahora mientras escribo
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