Fue la anterior mi última salida a solas. Mi principal deseo una vez rompí mi relación conyugal, el de emparejarme sólo con una mujer que me conozca y acepte totalmente tal cual soy, estaba a punto de cumplirse. Era la única manera de poder ser feliz y compartir mi felicidad con ella.
Continuaba yo en este momento conociendo personas por el mundo virtual, acercándome a ellas desde la distancia pero por la cercanía del medio; y continuaba también al mismo tiempo escribiendo sobre mi afición y otros temas nada que ver. Eran mis dos maneras de mostrarme hasta entonces cual realmente era y me sentía, con la ventaja de hacerlo desde el “anonimato”, la tranquilidad y relajación en la silla de mi casa. Pero he aquí que una mujer de entre un grupo de amistad real con el que hacía salidas, iba siguiendo mis escritos. Y no sé si interesada por lo que iba leyendo y descubriendo entre líneas, o bien por mi forma de enfocar los temas de todo tipo en general, la cuestión es que se me presentó en una cena del mencionado grupo. Fue sólo un saludo pero hubo algo de chispa. Seguimos desde ese día en contacto con algún que otro mail y encuentros con gente del grupo. Poco a poco el contacto fue aumentado, y comenzamos a hacer salidas y tener encuentros a solas, cada vez más frecuentes, hasta que acabamos por salir habitualmente y tres meses después ya más como pareja.
En principio jamás tocamos ni llegamos a hablar del tema de mi posible travestismo; y digo posible, porque todo eran suposiciones. Yo no era capaz aún de intuir si le interesaba, lo soportaría, se sentiría incómoda o qué actitud tendría respecto al mismo; aunque tal como iba conociéndola, y viendo que era una persona con mentalidad abierta, suponía que no afectaría ello a nuestra posible futura relación. Así que las primeras semanas simplemente íbamos haciendo comentarios y dando nuestra opinión sobre este tema alguna que otra vez, pero a nivel de tercera persona o general, pero no de mí caso particularmente. Parecía cómo si el hecho de atacarlo directamente pudiera hacer tambalear o modificar la bonita relación hasta ese momento; era, imagino yo, una manera de evitar ese riesgo. Pero poco a poco, fuimos introduciendo más mi caso dentro de los comentarios generales sobre el asunto del transformismo y similares, y cada vez profundizando más en las cuestiones alrededor del asunto. Era una evidencia clara de que ella me aceptaba con mis particulares gustos; es más, incluso parecía interesada e intuía yo que le atraía el tema. No parecía incomodarle hablar de ello sino más bien al contrario; señal inequívoca de que mi afición no entorpecería para nada nuestro devenir.
El día clave fue una tarde en la playa, en la que tumbados sobre la arena me dijo que tenía ganas de verme vestido de mujer. Es cierto que hasta entonces no lo había hecho ante ella, aunque ganas tuve en ocasiones, pero es distinto el hecho de aceptar y compartir la situación a hacerlo con mi imagen femenina a su lado. Dista un trecho entre ser permisiva y comprensiva, a padecerlo de manera totalmente exteriorizada; y no quería dar ese paso en falso. Esta petición en la playa me sonó a música celestial, y era la confirmación que necesitaba para poder exteriorizarme tal cual me siento en cada momento junto a ella.
miércoles, 7 de noviembre de 2012
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