viernes, 22 de mayo de 2009

Travestismo laboral: ¿medio o fin?

Siempre pienso lo afortunados que son ciertos humoristas al poder transformarse en varias personas con la excusa de estar realizando su trabajo. Y más que nada pienso en los que se transforman en mujer para realizar sus números y scketches, como fue el caso en su día de los Martes y 13, y posterioremente de los Cruz y raya. Y sobretodo pienso en Paco León y sus caracterizaciones de personajes femeninos.
Además de realizar su trabajo los maquillan perfectamente y los visten en ocasiones muy sexys, dependiendo del personaje al que interpreten. Claro, estar en manos de maquilladores y estilistas profesionales los convierten casi en mujeres 10, y poderse mostrar así ante el público supongo que debe ser fantástico.
Todo esto lo digo poniéndome yo en su piel, que ya me gustaría a mí. Sin embargo me pregunto si a alguno de estos humoristas les gusta realmente travestirse o simplemente lo hacen por trabajo. En caso de ser lo primero, ¡qué placer hacer lo que te gusta y cómo te gusta!.
Aunque no todo deben ser ventajas para ellos. Veo un posible inconveniente; y es que en su vida cotidiana fuera de sus trabajos, no les sería fácil pasar desapercibidos por la calle si algún día les diera por salir travestidos. Al menos si lo hago yo, como no soy popular, tengo un 99% de posibilidades de que no me reconozcan.
Aún así, sopesando ambas cosas, preferiría trabajar travistiéndome; ese agradable rato nadie me lo quitaría y ni sería cuestionado el por qué lo hago.Sigue, sin embargo, quedándome una pregunta en el aire.
Dada la facilidad con que estos humoristas se travisten, ¿podría ser que dicha afición hubiera sido el motivo para dedicarse al trabajo que se dedican? O sea, una manera camuflada de travestirse ante el público

martes, 19 de mayo de 2009

V. Años de olvido

A partir de entonces todo empezó a cambiar un poco. Quizás porque con 19 años ya comencé a estudiar una carrera universitaria, fui al servicio militar, me introduje en el mercado laboral, etc. Es decir, estaba totalmente ocupado y con otras preocupaciones que reclamaban más mi atención y eran más importantes en mi vida.
Así fue como poco a poco mi afición a travestirme fue decreciendo en cuanto a la frecuencia de practicarla. Sin embargo mi curiosidad y fascinación por los travestís no decreció. Los consideraba como unos artistas, ya que todo arte de transformación lo es.
Pasaron como siete u ocho años, hasta que comencé una relación con la que sería mi pareja durante años, en los que apenas sentí la necesidad de transformarme, aunque recuerdo que cuando en alguna discoteca o bar o simplemente por la calle veía algún travestido, mi atención se volvía hacia él, y me fijaba en como iba vestido y como me gustaría a mí también ir como él. Era el único momento en que ese gusanillo que tenía enterrado asomaba la cabeza por un instante.
A continuación comencé a vivir mi vida en pareja con la mujer que anteriormente mencioné durante ocho años. Y fue en el sèptimo año que desenterré de nuevo ese gusanillo, y cómo no, también por las fiestas de carnaval.