Tal fue la interconexión y afinidad que conseguí con algunas, todas del género femenino, que con un par de ellas llegamos a quedar para conocernos en persona, pero con la condición de que yo fuera vestido de mujer, condición impuesta por ellas supongo que para que yo me reafirmara en mi condición y me sintiera mejor. ¡¡Y tanto que sí!! Para mí era la mejor manera de sentirme integrado; estar con una mujer, amiga, vestido como ella tranquilamente. Me reconfortaba al tiempo que excitaba enormemente el poder vivir esa sensación.
Con una de ellas pasamos una tarde en mi casa (era día de carnaval pero la lluvia impidió la salida que teníamos prevista), e incluso llegamos a intercambiar ropa aunque no tuviéramos la misma talla. Meses después, con la otra me vestí para la ocasión sin más, pero tuvimos una hora de amena charla. Ya no he vuelto a quedar con ese fin desde entonces por motivos varios.
Por culpa de la puñetera lluvia, en esa primera cita me quedé con enormes ganas de haber salido a la calle vestido de chica tal como habíamos previsto con mi amiga. Así que el sábado siguiente por la tarde, aprovechando que aunque no era ya carnaval sólo hacía dos días que había concluido y aún alguna que otra celebración se hacía por ahí, decidí apaciguar mi ansia, mis deseos que se quedaron a medio hacer aquella tarde y me vestí en casa pero con intención de bajar a dar una vuelta yo sólo. Caía una ligera lluvia muy fina y pensé que eso aún me ayudaría más en mi atrevimiento, ya que con un paraguas en mano sería más fácil ocultarse si llegara el caso. Una mezcla de nerviosismo y excitación me hacían temblar ligeramente cuando iba a abrir la puerta de mi casa pero me armé de valor, salí al vestíbulo y cerré la puerta tras de mi sin girar la cabeza; que sea lo que el destino quiera, pensé. Comencé a bajar las escaleras y el taconeo de las botas que llevaba puestas ponía en marcha una corriente excitante en mi interior y a flor de piel. Muy nervioso iba bajando los tres pisos pensando en no encontrarme con algún vecino hasta llegar al portal; este hecho aumentaba aún más mi excitación y nerviosismo. Finalmente llegué hasta la calle sin incidencias durante el descenso; y, con la vista mirando al suelo, cosa supongo que normal por ser mi primera salida, comencé a caminar en la semioscuridad de la tarde de invierno por mi barrio. No es que me avergonzara pero el hecho de poderme encontrar a algún conocido o vecino, hizo que como inútil protección (por aquello de que lo que no veo parece que no me pueda ver) no levantara prácticamente la vista del suelo. Como anécdota, llegué a un tramo estrecho de la acera por la que transitaba en la que sólo cabía un peatón y fui a coincidir de frente con una mujer, que amablemente me cedió el paso y me saludó con un “adios”. Ufff, que bien me sentí al notar que con toda naturalidad se dirigían a mí. Sólo fue una vuelta a la manzana, pero subí a mi casa exhultante, aunque sin poder haber gozado de verdad el momento en todo su esplendor debido a los nervios y “temores” propios de la primera vez.
Meses más tarde, en los inicios del otoño y también cuando comenzaba a oscurecer salí de nuevo, esta vez con la cabeza un poco más alta, y hasta tuve el valor de sentarme durante un rato en el banco de un parque que no estaba muy transitado. Que gozo me producía verme ahí en el banco mostrando mis piernas, aunque sin haberme librado aún de los nervios de la primera vez. Un comentario de unos chicos jóvenes desde un coche y un hombre al que le picaba la curiosidad y que noté que me observaba desde un extremo del parque son las únicas anécdotas de esta salida de un cuarto de hora.
Al mismo tiempo, más bien posteriormente, un par de amigas especialmente, y por separado, se ofrecieron de manera desinteresada para ayudarme a transformarme y salir conmigo una tarde. Dificultad o demoras que acostumbran a acontecer y de las que luego nos arrepentimos hicieron que finalmente no se pudiera hacer; pero se lo agradezco enormemente, ya que me hubiera gustado mucho hacerlo, y aún espero que algún día pueda coincidir con ellas y cumplirlo.
martes, 20 de julio de 2010
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