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martes, 4 de marzo de 2014

Carnaval aprovechable

Es una buena excusa aprovechar la fiesta de canarval para vestirse de mujer sin llamar la atención; al menos así puede ser para muchas de esas personas amantes de la ropa femenina y que no pueden manifestarlo o expresarlo durante el resto el año.

En mi caso, sin embargo, es todo lo contrario; el hecho de poder vestir a mi gusto al menos durante algun dia de la semana ni que sea en el interior de mi casa, junto al hecho de que no considero que vestirme de mujer sea un disfraz para mi, sino algo más, hace que precisamente en las fiestas de carnaval no me “trasvista”; en todo caso me “vestiría para salir a la calle”.

No obstante, sí que es un dia apropiado para no sentirse ofendido por las burlas o comentarios graciosos de otros por el hecho de vernos vestidos de mujer. Esos mismos comentarios en otro día cualquiera del año resultarían ofensivos para muchos de los “travestidos”; sin embargo en carnaval son parte de la mofa carnavalesca, y por ello totalmente superable.

viernes, 7 de febrero de 2014

Burletas a travestis

Es habitual que cuando apareces vestido de mujer en algun lugar público o simplemente por la calle, te topes con alguien o algunas personas que les da por reirse o medio burlarse; por suerte, ocurre cada vez menos.

Lo único que se me ocurre pensar cuando esto pasa es que lo hacen o bien porque en el fondo a ellos tambien les gustaría hacerlo pero no se atreven y de esta manera la burleta actúa como ocultadora de sus verdaderos sentimientos; o bien porque simplemente no entienden de los sentimientos de quien se trasviste.

Aunque en el segundo caso lo puedo comprender, que no respetar, en el primer caso creo que están tirando piedras sobre su propio tejado y por tanto no lo comparto.

miércoles, 20 de julio de 2011

Querer y poder

Definitivamente no puedo.
Llevo casi un año intentando miniminizar en importancia y apartar de mi pensamiento la necesidad de travestirme. Con altibajos lo he ido consiguiendo, superando picos de ansiedad que han ido apareciendo. Pero no es algo que yo pueda decidir, y es más fuerte que yo. Con la llegada del verano, de la multitud de cuerpos femeninos mostrando sus piernas, escotés y demàs, esa fuerza ha resurgido de nuevo y con más fuerza si cabe.
No es difícil llevar el dia a dia intentando ocultar algo que necesita mostrarse y cuanto más abiertamente mejor. Agria el carácter y te hace perder interés por las relaciones sociales; no poque yo quiera sino porque me falta algo para sentirme bien y satisfecha conmigo misma, y esta falta o carencia flota en mi comportamiento ante los demás. Si no me reconozco a mí misma, más díficil es hacerlo con los demás que te rodean.
Es por ello que he decidido dar un nuevo enfoque a la situación, pequeño pero necesario. Aprovechando el comienzo de mis vacaciones estivales intentaré pasar la mayor parte del tiempo que pueda vestido como me apetezca, especialmente femenina, incluso desafiando posibles encuentros casuales con personas conocidas que ignoren mi particular situación.
Encontrar el ambiente y círculo de personas adecuado con el que moverme o poder conectar no ha acabado de ser posible por circunstancias varias, y visto lo complicado que seguirá siendo no me queda otra opción que tirar hacia adelante por mí misma con los obstáculos, baches y muros que sé me encontraré por el camino: algunos reales, otros en mi interior e imaginación.
El resultado de comprobar si vence mi fuerza o vencen los impedimentos comentados, se verá en poco tiempo.

miércoles, 27 de octubre de 2010

Rol dual

A medida que va pasando el tiempo, cada vez lo tengo más claro. Creo que en mi dia a dia me desenvolvería mejor como mujer que como hombre.
No soy el estereotipo típico de hombre que se cree por encima de las mujeres, o que va tras ellas como único objetivo de ligue; no las acoso ni me intento aprovechar de la situación; simplemente me encuentro bien entre ellas. Quien haya estado conmigo lo puede certificar.
No sólo no acoso, sino que por el hecho de ser travesti soy yo el que los soporta por parte de otros hombres. No me siento identificad@ con ese compartimiento “masculino”.
Prefiero, porque he comprobado que me adapto más, estar en medio de las charlas que puedan tener las mujeres que en la de los hombres tipo machista.
Maquillad@ y enfundad@ de vestuario femenino me siento más confortable y bien espiritualmente, y máxime cuando lo hago entre mujeres.
Sin embargo, hay días también que por estado de ánimo, estrés, etc, me siento bien en mi papel de hombre, el que me toca llevar a cabo habitualmente. Y depende también del lugar y circunstancias en las que me encuentre me siento más identificad@ en uno u otro rol.
Sin duda alguna, tengo un rol dual, y es una lástima no poderlo explotar en cualquier espacio y tiempo por motivos laborales y sociales. No todo ser humano tiene ese potencial de ser un dos en uno, pero la ventaja del que no lo tiene es que no está alienado con el otro por, ignorar su existencia y poder de este modo vivir en paz consigo mismo, sin frustración

lunes, 10 de mayo de 2010

Necesidad in crescendo

Es una contrariedad, pero se soporta, el planificar y tener preparado todo el vestuario para travestirte un día, y llegado el mismo no poder realizarlo. Pienso, mala suerte, otro día será.
Aprieto los labios, pero aguanto, cuando de nuevo la misma planificación para otro día tampoco acaba por hacerse realidad. Pienso, la próxima ya sí, dos veces ya es casualidad.
Frunzo el ceño cuando me ocurre lo mismo por tercera vez. No hay dos sin tres dicen, y esta vez se cumple el dicho. Ya me comienza a afectar, pero pienso, que cuatro veces ya sería demasiado; con este pensamiento me tranquilizo un poco.
Cuarta vez. Tampoco he podido. ¿Será un maleficio? Ahora ya no es casualidad que no se hayan dado las circunstancias adecuadas; ahora es ya una fatalidad. Ya comienzo a desesperarme un poco. En fin, llevaré lo mejor posible no exteriorizar lo que necesito, pero el gusano en el estómago ya se convierte en serpiente que comienza a serpentear.
Quinta, sexta y enésima vez. No hay manera. Por más que cada ocasión parecía la propicia, a medida que se acercaba el momento se difuminaba la posibilidad. Y una especie de fustración se va apoderando de mi.
Pienso, no voy a hacer más planes, y cuando surja el momento lo cumpliré. Pero no es tan fácil. Por ley de Murphy, el momento surgirá cuando no tenga el material preparado, y después me maldeciré a mi mismo a parte de la mala suerte. No queda más que aguantar, ir acumulando en mi interior ese deseo en aumento, esa ya casi necesidad que a medida que pasa el tiempo se convierte en prioridad sobre otras cosas del día a dia.
Prioridad, necesidad son conceptos que denotan preferencia y que merecerían que se les abriera paso. La barrera del paso a nivel sin embargo parece atascada y no se eleva. No poder pasar bajo ella me oprime, mi limita el movimiento, impide avanzar. Ello conlleva ahogo. Vivo casi pendiente de ello, y hasta que no lo consigo mi comportamiento, humor, estado, afectividad, etc se muestran afectados. No soy yo porque no puedo expresarme tal cual soy.
Si mi “parte femenina” no puede expresarse y vivir en paz consigo misma, mi “parte masculina” tampoco y se muestra afectada; y ambas viven alteradas, de manera antinatural. ¿Por qué ha de ser tan difícil estar bien con uno mismo?
Naturalidad; que fácil parece ser natural, qué difícil conseguirlo; máxime en casos que pueden no ser comprensibles para quienes nos rodean.

miércoles, 13 de enero de 2010

Influencia negativa

Influye, claro que sí.
A esta conclusión he llegado después de hacer un autoanálisis sobre mi comportamiento en las ocasiones en que no he conseguido satisfacer mi deseo.
¿A qué me refiero? Pues a esa necesidad que me sobreviene sin preaviso alguno de travestirme y no poder satisfacerla. No es tantol el problema el no poderla llevar a cabo en ese preciso instante (que también, pero se sobrelleva mejor), sino el problema o trastorno al que me voy a referir radica en no poder cumplirla tampoco en días posteriores. Sabiendo ya por experiencia que esta necesidad perdura durante unos cuantos días, y que debido a las circunstancias laborales, etc del día a día es difícil “transformarme” en mujer, planeo entonces hacerlo el próximo fin de semana, por ejemplo. Si lo consigo, feliz y content@ y mirando hacia delante. Si no lo consigo.....ahí surge el trastorno; no miro hacia delante del mismo modo, mis cinco sentidos están pendientes de realizar esa transformación y cualquier relación social en la que esté involucrado está influenciada por esa necesidad insatisfecha. Mi pensamiento está atrapado en ella y no deja que mi “yo” social y humano fluya natural.
Resultado: mi ansia crece y mi carácter se modifica, esclavo de ella.
En consecuencia, con ese lastre negativo no actúo como lo haría normalmente.
Influye, claro que sí.

jueves, 5 de noviembre de 2009

Testículos a su aire

Un científico comentó no hace mucho por televisión que los testículos están sueltos y no dentro del cuerpo humano como otros órganos por motivos funcionales. Todo tiene un por qué en la naturaliza y esto no iba a ser una excepción.
Resulta que el esperma o espermatozoides, para poder mantener sus funciones de procreación y demás, deben estar a una temperatura un par de grados o tres inferior a la del resto del cuerpo.
Deduzco, pues, que el hombre debería vestir con ropa interior holgada y sobretodo pantalón no ajustado. Y por qué no, ¿no sería más lógico que pensando en nuestra salud y no sólo en la estética, el género masculino pudiera vestir falda y vestidos? Es este un caso en que los consejos científicos y médicos no se aplican. ¿Motivos?

jueves, 8 de octubre de 2009

Padre travesti y niño

Un ejemplo de lo que sería una normalización casi total de nuestra situación lo viví ayer cuando por la calle me crucé con un travesti, creo que de nacionalidad extranjera, paseando junto a su hijo de 8 o 9 años de edad cogido de su mano.
Ignoro desde cuando conoce el niño el travestismo de su padre; quizás siempre desde que nació lo ha visto vistiendo así. El niño está creciendo con una visión del tema totalmente distinta a la de cualquier otro transeúnte. Algo natural para él, o al menos eso parecía por su forma de actuar. Probablemente habrá tenido que aguantar algún improperio o burla de compañeros de colegio; aunque seguramente no entienda el motivo de ello.
Un ejemplo de familia feliz que sería más habitual de lo que vemos si todos hubiéramos crecido en circunstancias similares.
¡¡¡Y qué le digan ahora que su padre es “raro”!!!

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Feminización textil

Otro ejemplo de cómo la mujer se apropia de artículos textiles del hombre sin pudor, vergüenza o timidez algunos.
Si hace un par de años algunas marcas comenzaron a comercializar slips para chicas, ahora parece ser que la nueva moda para ellas serán los vaqueros con corte masculino; es decir, más amplios, doblados por el tobillo, etc.
Ya iría siendo hora de que también estas marcas actuaran a la inversa; comercializar braguitas o faldas para hombre, por ejemplo. Sería una manera de normalizar el vestir y hacerlo más unisex.
Se nos acusa al género masculino, entre otras cosas, de que no somos tan lanzados a la hora de incorporar vestuario femenino en nuestro día a día. Pero realmente es que nos encontramos desamparados y sin apoyo ni empuje por parte de ninguna marca. Ninguna de las existentes a pie de calle se atreve o da el paso y claro, no nos queda más remedio que hacerlo por nuestra cuenta de manera casi clandestina, y así no hay modo de normalizar la situación ya que se nos ve como casos aislados.
No sé si habrán hecho estudios de mercado sobre ello (me niego a pensar que no), pero las marcas de moda ganarían mucho mercado con ello, pues somos muchos los que secundaríamos la idea y la pondríamos en práctica.

martes, 15 de septiembre de 2009

Asesoramiento en compras

¿Qué travesti no ha tenido en un momento u otro el sueño de poder contar con alguna mujer que le asesore e incluso acompañe en sus compras?
Siempre que decido entrar en una tienda a comprarme alguna prenda asignada en principio para el sexo femenino, lo hago con disimulo sin que se note demasiado. Miro, observo más bien desde la distancia, sin entretenerme en mirar tallas, etc. Y después de haber dado algunas vueltas yendo desde la sección de caballeros a la de señoras para no levantar sospechas, decido escoger lo que más me ha convencido desde esa distancia comentada y paso por caja, sin probármela siquiera. Siempre, claro está, solicitando el ticket por si una vez en casa no se ajustara la prenda a mi talla, y comentando previamente a la cajera que al no ser para mí siempre haya la posibilidad de cambiarla.
Estoy seguro que dicha persona, aunque no me lo diga, sabe que hay un porcentaje bastante alto de posibilidades de que esa prenda es para mí, y más si me ha visto revolotear con timidez por la correspondiente sección.
¡Cuán cambiaría la situación si tanto ella como yo dijéramos lo que pensamos! Si yo dejara de lado mis “miedos” y le dijera para irme al probador a probármela, o si ella a la hora de pagar me dijera que me la probara antes o simplemente que si en casa no se ajustara a lo que quiero regresara para cambiarla. Esa interactividad entre dependienta y cliente en nuestro caso nos liberaría de muchas cosas, nos llenaría de satisfacción y nos sentiríamos más arropados, comprendidos y apoyados, y sobre todo llenos. ¡Qué complicidad más rica existiría entre ambos!, y con qué naturalidad podría desenvolverme en este caso. Probablemente incluso la tienda obtendría un cliente fijo y yo una asesora de moda. Los dos saldríamos ganando.
La otra opción sería ir de compras con una mujer de confianza, amiga o pareja, con la que lo compartamos. A la hora de mirar en los aparadores, al hacerlo los dos pasaría perfectamente por que yo la acompaño a ella, y así podría yo mirar con tranquilidad. Y qué decir si la pudiera acompañar yo al probador (en realidad ella a mí). Y ya el súmmum sería ir con ella a una tienda en la que la dependienta también fuera cómplice. Porque seamos realistas; las tiendas lo que quieren es vender. Y aunque algunas dependientas no lo vieran con buenos ojos supongo que tampoco nos privarían de entrar en los probadores de chicas con una falda o vestido a probar. El miedo está más en nosotros mismos que en lo que los demás puedan pensar.

jueves, 3 de septiembre de 2009

Reflexión post-vacacional

Es curioso que cuando me muevo fuera de los lugares habituales en mi dia a dia, mi necesidad de travestirme frecuentemente disminuye bastante, e incluso desaparece tal como me ocurrió durante las vacaciones veraniegas.
Sin embargo no tengo claro que no sea únicamente el estar en lugar no habitual, sino que el hecho de que ello ocurra principalmente en verano puede ser debido a que el calor me desmotiva, acomoda, amodorra y cualquier cosa me cuesta más realizarla.

jueves, 25 de junio de 2009

Confusión conceptual

Por lo que observo a partir de ciertos comentarios emitidos por algunas personas en relación al tema del travestismo, hay mucha desinformación sobre el tema y por tanto son erróneos los conceptos que sobre él se tienen. Deduzco de la mayoría de ellos que la principal confusión existente es que se mezcla y se asimila el travestismo a la homosexualidad, y nada más lejos de la realidad.
Una cosa es el gusto por el vestir, por la estética, por sentirse bien, cómodo y más realizado viéndose con apariencia femenina. Es estética principalmente, aunque también hay sentimiento en muchos de los casos ya que al cambiar el look masculino por el femenino (o viceversa) también aparece una “sensibilidad” diferente. Pero esto es otro tema.
No porque nos guste vestir como el sexo contrario nos hemos de identificar con atracción sexual de nuestro mismo género. Son cosas distintas. Tendencia sexual versus apariencia estética.
Sino no hay más que ver la variedad de combinaciones: homosexuales que no se travisten, heterosexuales que sí lo hacen. Las lesbianas tampoco abandonan su estética femenina ni femenidad por su atracción por otras mujeres, así como los gays tampoco lo hacen con la masculina necesariamente. ¿Por qué entonces se ha de dar por supuesto que los travestis han de ser homosexuales y no pueden verse atraídos por el sexo opuesto?Me encanta vestirme de mujer y verme femenina porque me gustan mucho las mujeres, y ello porque las idolatro en su forma de poder vestir y lo que transmiten con ello. Llámese imitación si se quiere. Pero me hace sentir bien. Probablemente si hubiera nacido mujer sería lesbiana, y no por ello debería ir vestida siempre con porte masculino

viernes, 12 de junio de 2009

Contradicción

Es curioso. Pero en ocasiones, cuando tengo un día ya señalado para vestirme y salir con otras chic@s, tal como se va acercando la hora de hacerlo mi necesidad por transformarme va menguando. Incluso estando ya vestid@ y ya lista para dar una vuelta, me he quedado en lugar donde estaba y regresado a casa.
Tanto anhelo por transformarme, y después me es indiferente. Tened en cuenta que dicho que esta sensación ocurre sólo en ocasiones, no siempre, ¿eh?
Supongo que son tantas las ganas de hacerlo, que cuando se acaba realizando ya pierde parte de eso "prohibido" que tanto atrae. Si se normalizara la situación de que los hombres pudiesen salir vestidos de mujer, deduzco que esa necesidad de hacerlo disminuiria y lo llevaríamos más natural. Sencillamente hoy salgo con falda y medias, y mañana con pantalón y calcetín.

viernes, 22 de mayo de 2009

Travestismo laboral: ¿medio o fin?

Siempre pienso lo afortunados que son ciertos humoristas al poder transformarse en varias personas con la excusa de estar realizando su trabajo. Y más que nada pienso en los que se transforman en mujer para realizar sus números y scketches, como fue el caso en su día de los Martes y 13, y posterioremente de los Cruz y raya. Y sobretodo pienso en Paco León y sus caracterizaciones de personajes femeninos.
Además de realizar su trabajo los maquillan perfectamente y los visten en ocasiones muy sexys, dependiendo del personaje al que interpreten. Claro, estar en manos de maquilladores y estilistas profesionales los convierten casi en mujeres 10, y poderse mostrar así ante el público supongo que debe ser fantástico.
Todo esto lo digo poniéndome yo en su piel, que ya me gustaría a mí. Sin embargo me pregunto si a alguno de estos humoristas les gusta realmente travestirse o simplemente lo hacen por trabajo. En caso de ser lo primero, ¡qué placer hacer lo que te gusta y cómo te gusta!.
Aunque no todo deben ser ventajas para ellos. Veo un posible inconveniente; y es que en su vida cotidiana fuera de sus trabajos, no les sería fácil pasar desapercibidos por la calle si algún día les diera por salir travestidos. Al menos si lo hago yo, como no soy popular, tengo un 99% de posibilidades de que no me reconozcan.
Aún así, sopesando ambas cosas, preferiría trabajar travistiéndome; ese agradable rato nadie me lo quitaría y ni sería cuestionado el por qué lo hago.Sigue, sin embargo, quedándome una pregunta en el aire.
Dada la facilidad con que estos humoristas se travisten, ¿podría ser que dicha afición hubiera sido el motivo para dedicarse al trabajo que se dedican? O sea, una manera camuflada de travestirse ante el público