martes, 20 de octubre de 2009

Normalización

Hubo salida travesti vespertino-nocturna este pasado fin de semana. Estrenaba zapatos nuevos con tacón de chupete, o sea casi planos. Y como suele ocurrirme cuando hago alguna salida estrenando calzado, caminé una hora seguida sobre ellos de buen principio, de forma lenta pero constante. Por supuesto que comenzaba a notar molestias en alguna parte de mis pies, pero el placer de caminar por la calle en pleno centro de la ciudad sobre ellos era superior.
Después cena en un restaurante y posteriormente copa en un bar nocturno tranquilo, ninguno de ellos considerados “de ambiente”. Y resalto esto último porque a pesar de haber caminado por la urbe en hora punta del sábado, y cenado y tomado copa en ambientes normales, ningún transeúnte, comensal ni demás mortal por la calle soltó vocablo despectivo ni mofa algunos hacia mi persona ni acompañantes.
Esto es un ejemplo de que la normalización de nuestra situación, al menos en barcelona ciudad, está bastante avanzada. Quizás sean más nuestros miedos que otra cosa la que nos hace pensar lo contrario, y lo utilizamos como excusa a nuestra cobardía de salir y mostrarnos como nos apetezca.
Hay que pensar, sin embargo, que esta situación ocurre fuera del ámbito cotidiano laboral y familiar. En cualquiera de ellos el resultado no sería el mismo....... a priori.

jueves, 8 de octubre de 2009

Padre travesti y niño

Un ejemplo de lo que sería una normalización casi total de nuestra situación lo viví ayer cuando por la calle me crucé con un travesti, creo que de nacionalidad extranjera, paseando junto a su hijo de 8 o 9 años de edad cogido de su mano.
Ignoro desde cuando conoce el niño el travestismo de su padre; quizás siempre desde que nació lo ha visto vistiendo así. El niño está creciendo con una visión del tema totalmente distinta a la de cualquier otro transeúnte. Algo natural para él, o al menos eso parecía por su forma de actuar. Probablemente habrá tenido que aguantar algún improperio o burla de compañeros de colegio; aunque seguramente no entienda el motivo de ello.
Un ejemplo de familia feliz que sería más habitual de lo que vemos si todos hubiéramos crecido en circunstancias similares.
¡¡¡Y qué le digan ahora que su padre es “raro”!!!

lunes, 5 de octubre de 2009

I. Paso adelante virtual

Como comenté en el último capítulo (VIII) de la primera parte, y retomando la historia desde ese punto, los tres primeros meses en que me independicé mi travestismo se limitó a transformarme algunos dias en la intimidad de mi casa; sólo para mí mismo. Es como había sido siempre hasta este momento, excepto el último año de convivencia con mi ex pareja.
Sin embargo, como todo en la vida, siempre se aspira a algo más; y no por ambición sino por necesidad. Me encontraba agobiado, como en un sin sentido, me sentía sólo en mi faceta transformista. Mi cuerpo y mis sentimientos necesitaban algo más: ¿exteriorización?, sí, creo que eso era. Hacer las cosas a solas satisfacen en un principio, pero con el transcurso del tiempo se convierten en simple rutina y se cae en la desmotivación y desidia.
Y fue tras llegar a este punto que mi actuación al respecto llegó a un punto de inflexión. Era ahora o quizás ya nunca. Me explico: aunque no estaba muy puesto en relaciones por la red internauta, llámese foros, chat, etc,. el hecho de tener menos compromisos y obligaciones que cuando vivía con mi cónyuge me permitió disponer de un poco de tiempo libre, y gracias a ello me fui introduciendo en ello y a suscribirme en comunidades virtuales, mensajerías y foros. Viendo que me desenvolvía bastante bien en ellas, y habiendo conocido y cogido confianza con algunas personas, chicas principalmente, siempre acababa de una manera subliminal hablando sobre algo de vestuario femenino, de si alguna vez me lo había puesto, de si me gustaría ponérmelo, etc. La reacción de ellas era bastante natural e indiferente, incluso a algunas les parecía bien. Yo, por supuesto no les decía que me travestía, pese a quedarme siempre con las ganas de hacerlo, y después de despedirme me quedaba con una sensación extraña como de fustración, cómo de no acabar de ser yo mismo y haber perdido una oportunidad de serlo.
Harto de terminar de este modo, y aprovechando la ventaja del anonimato que me brindaba internet, decidí que ya era hora de poner toda la carne en el asador y que el punto de inflexión comenzara a serlo realmente; así que a partir de ese momento me comencé registrar como persona travesti en todas las páginas en que participaba.
En un principio me costaba hacer referencia al tema y quizás hablaba incluso cohibido con las personas con las que me ponía en contacto; aunque en numerosas ocasiones eran ellas mismas quienes me preguntaban sobre el tema. Poco a poco, más rápidamente de lo que yo creía le fui perdiendo el “miedo” a la respuesta y reacción de las personas con las que podía interactuar, y ello gracias a que con frecuencia un buen porcentaje de ellas no le daban importancia al hecho y lo tomaban con mucha naturalidad, como una faceta más y ya está. Incluso algunas de ellas se ofrecían a dirigirse a mí en femenino si así me sentía más a gusto.
Desde el momento que tomé conciencia de todo ello, y me comencé a acostumbrar y actuar sin problemas como travesti por la red, ya entraba en todos los chats como tal sin ningún prejuicio ni tapujo; sin mostrarme como tal pero tampoco sin negarlo, o sea, como una persona más. A no ser que ellas hicieran referencia al tema yo tampoco lo hacía, no fuera que ello les llegara a hastiar o colapsar, y hablábamos de este o cualquier otro tema actual.
Además, esta decisión de presentarme como tal me sirvió como filtro natural de amistades; es decir, que personas más cerradas de mente o conservadoras ni se dignaban a devolverme un saludo o dirigirme la palabra, pero sin embargo conectaba muy bien con las que sí lo hacían. No hacía falta perder tiempo, pues, con las que se cerraban a mí, y sí disfrutarlo con las que se abrían.Fue aproximadamente en este período de tiempo que se me pasó por la cabeza escribir la primera parte de la presente autobiografía de mi travestismo, y colgarla en un blog. Lo consideré un modo más de exteriorizar al mundo mi faceta. Cuál fue mi sorpresa cuando comencé a recibir mensajes de apoyo y de ánimo, y aplausos sobre mi atrevimiento de exponerlo públicamente. He de decir, sin embargo, que todos ellos fueron de público femenino, ni uno sólo del masculino, el cual va casi exclusivamente por otros derroteros y connotaciones mas bien de tipo sexual; y lamento decirlo como persona de este sexo que soy también. Quizás también sea todo un poco debido a que muchos de los que se travisten también lo hacen mostrando más el lado sexual, y por ello se nos mete a todos en el mismo saco. Una pena. Sin embargo, el hecho de estar en ambos lados me ha enriquecido y servido para comprender mejor, y más desde dentro el carácter, comportamiento y quehacer de la mujer en general, y compararlo con el del hombre. Cuando me sentía asediado por hombres ávidos de sexo virtual comprendía el por qué de las quejas de algunas féminas. Fuera por el motivo que fuese, la realidad es que me interrelacionaba mucho mejor con las mujeres que con los hombres.