jueves, 31 de diciembre de 2009

II. Otro virtual - real

Todos esos comentarios a favor y de apoyo recibidos en mi blog y en conversaciones fueron lenta pero paulatinamente aumentando mi autoestima. Tanto que me pregunté por qué no mostrarme no sólo a través de las teclas de un pc, sino incluso a través del monitor tal cual me encontraba vestido en ese momento, indistintamente fuera de hombre o de mujer. Tenía una webcam que conectaba sólo en contadas ocasiones con personas con las que me llevaba bien y teníamos afinidad y confianza. Era cuando llegábamos a ese punto en que ya después de haber conversado tantas veces, ya nos despertaba la curiosidad de vernos y conocernos también físicamente. No era ni soy partidario de usar la cam, ya que se pierde a mi modo de ver toda esa aureola de misterio y demás que conlleva el imaginarte y dibujar mentalmente al otro interlocutor. Siempre lo hice vestido masculinamente hasta ese momento. Pero cuando mi confianza y autoestima llegó al punto antes mencionado, opté por dar el siguiente paso y efectivamente mostrarme tal y como iba vestido (o vestida). Cierto es que la primera vez que me mostraba ante personas con las que ya había tratado dilatadamente por mensajería o mostrado como hombre, me costó bastante hacerlo, pero lo hice decidida a la vez que nerviosamente. ¿El resultado?: buenísimo, todo respeto, alabanzas e incluso piropos.
Fue un paso que sinceramente esperaba ansioso que tuviera buen resultado, ya que era una manera de mostrarme casi totalmente como yo quería y sentía, de ser yo como soy sin más.
Ello me animó, a partir de entonces, a mostrarme con confianza tal cual iba, y con quien fuera que pudiese estar intercambiando mensajes. Todas las nuevas amistades que iba haciendo vía internet conocían de mi afición, ya que era como me presentaba en todos los perfiles, y de ello he hecho buenas amistades.