Un ejemplo de lo que sería una normalización casi total de nuestra situación lo viví ayer cuando por la calle me crucé con un travesti, creo que de nacionalidad extranjera, paseando junto a su hijo de 8 o 9 años de edad cogido de su mano.
Ignoro desde cuando conoce el niño el travestismo de su padre; quizás siempre desde que nació lo ha visto vistiendo así. El niño está creciendo con una visión del tema totalmente distinta a la de cualquier otro transeúnte. Algo natural para él, o al menos eso parecía por su forma de actuar. Probablemente habrá tenido que aguantar algún improperio o burla de compañeros de colegio; aunque seguramente no entienda el motivo de ello.
Un ejemplo de familia feliz que sería más habitual de lo que vemos si todos hubiéramos crecido en circunstancias similares.
¡¡¡Y qué le digan ahora que su padre es “raro”!!!
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