Estoy estresada, ansiosa, el cerebro revolucionado. Llevo tres días laborablemente hablando en que el trabajo es intenso, como un grifo que no para de gotear van cayendo tareas de forma continua sin descanso entre una y otra y hasta se acaban acumulando. Ello coincide con unas ganas enormes de travestirme. Es curioso pero con frecuencia coinciden ambas cosas. Es como una válvula de escape.
En momentos en que necesito relajación y tranquilizarme me viene la necesidad de adquirir apariencia femenina, y el hecho de no poder realizarlo en el momento más álgido de esta necesidad hace que aumente aún más mi ansia. Mezclando estrés y ansia ya os imaginaréis que ganas tengo de explotar.
Veo difícil este fin de semana de poder satisfacer dicho anhelo; veremos como lo supero, sino el lunes no sé cómo será el comienzo de semana. El hecho de haber escrito este texto referiéndome a mi persona en femenina, es ya un síntoma y remedio momentáneo a la vez, de sentirme más relajada ahora mientras escribo
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