Siempre pienso lo afortunados que son ciertos humoristas al poder transformarse en varias personas con la excusa de estar realizando su trabajo. Y más que nada pienso en los que se transforman en mujer para realizar sus números y scketches, como fue el caso en su día de los Martes y 13, y posterioremente de los Cruz y raya. Y sobretodo pienso en Paco León y sus caracterizaciones de personajes femeninos.
Además de realizar su trabajo los maquillan perfectamente y los visten en ocasiones muy sexys, dependiendo del personaje al que interpreten. Claro, estar en manos de maquilladores y estilistas profesionales los convierten casi en mujeres 10, y poderse mostrar así ante el público supongo que debe ser fantástico.
Todo esto lo digo poniéndome yo en su piel, que ya me gustaría a mí. Sin embargo me pregunto si a alguno de estos humoristas les gusta realmente travestirse o simplemente lo hacen por trabajo. En caso de ser lo primero, ¡qué placer hacer lo que te gusta y cómo te gusta!.
Aunque no todo deben ser ventajas para ellos. Veo un posible inconveniente; y es que en su vida cotidiana fuera de sus trabajos, no les sería fácil pasar desapercibidos por la calle si algún día les diera por salir travestidos. Al menos si lo hago yo, como no soy popular, tengo un 99% de posibilidades de que no me reconozcan.
Aún así, sopesando ambas cosas, preferiría trabajar travistiéndome; ese agradable rato nadie me lo quitaría y ni sería cuestionado el por qué lo hago.Sigue, sin embargo, quedándome una pregunta en el aire.
Dada la facilidad con que estos humoristas se travisten, ¿podría ser que dicha afición hubiera sido el motivo para dedicarse al trabajo que se dedican? O sea, una manera camuflada de travestirse ante el público
viernes, 22 de mayo de 2009
martes, 19 de mayo de 2009
V. Años de olvido
A partir de entonces todo empezó a cambiar un poco. Quizás porque con 19 años ya comencé a estudiar una carrera universitaria, fui al servicio militar, me introduje en el mercado laboral, etc. Es decir, estaba totalmente ocupado y con otras preocupaciones que reclamaban más mi atención y eran más importantes en mi vida.
Así fue como poco a poco mi afición a travestirme fue decreciendo en cuanto a la frecuencia de practicarla. Sin embargo mi curiosidad y fascinación por los travestís no decreció. Los consideraba como unos artistas, ya que todo arte de transformación lo es.
Pasaron como siete u ocho años, hasta que comencé una relación con la que sería mi pareja durante años, en los que apenas sentí la necesidad de transformarme, aunque recuerdo que cuando en alguna discoteca o bar o simplemente por la calle veía algún travestido, mi atención se volvía hacia él, y me fijaba en como iba vestido y como me gustaría a mí también ir como él. Era el único momento en que ese gusanillo que tenía enterrado asomaba la cabeza por un instante.
A continuación comencé a vivir mi vida en pareja con la mujer que anteriormente mencioné durante ocho años. Y fue en el sèptimo año que desenterré de nuevo ese gusanillo, y cómo no, también por las fiestas de carnaval.
Así fue como poco a poco mi afición a travestirme fue decreciendo en cuanto a la frecuencia de practicarla. Sin embargo mi curiosidad y fascinación por los travestís no decreció. Los consideraba como unos artistas, ya que todo arte de transformación lo es.
Pasaron como siete u ocho años, hasta que comencé una relación con la que sería mi pareja durante años, en los que apenas sentí la necesidad de transformarme, aunque recuerdo que cuando en alguna discoteca o bar o simplemente por la calle veía algún travestido, mi atención se volvía hacia él, y me fijaba en como iba vestido y como me gustaría a mí también ir como él. Era el único momento en que ese gusanillo que tenía enterrado asomaba la cabeza por un instante.
A continuación comencé a vivir mi vida en pareja con la mujer que anteriormente mencioné durante ocho años. Y fue en el sèptimo año que desenterré de nuevo ese gusanillo, y cómo no, también por las fiestas de carnaval.
miércoles, 22 de abril de 2009
Longevidad travestista
Llevo ya más de una semana, casi dos, durante la cual mis ganas de vestir femenina se mantiene, y ello incluso después de haberlo conseguido un par de veces. Suele ocurrir que una vez hecho, esta necesidad se debilita al menos un par de días; pero en esta ocasión cada vez que me he travestido en cuestión de horas recuperaba esas ganas.
No sé si también se deberá a la estación del año en que hemos entrado: primavera, o a que es más rápido, fácil y practico a la hora de vestir: con un short, una mini, un tanga y un calzado cómodo ya está, y no hace falta más.
Esto contradice lo que comentaba en mi anterior post, en el que decía que esa necesidad se aliviaba travistiéndome. Lo hice el fin de semana tal como predije pero no ha decrecido, y creo que lo volveré a hacer el próximo. Y si me atrevo incluso saldré por la calle, quizás solo y todo si finalmente no puedo quedar con amig@s como yo, que es como tengo previsto hacerlo.
No sé si también se deberá a la estación del año en que hemos entrado: primavera, o a que es más rápido, fácil y practico a la hora de vestir: con un short, una mini, un tanga y un calzado cómodo ya está, y no hace falta más.
Esto contradice lo que comentaba en mi anterior post, en el que decía que esa necesidad se aliviaba travistiéndome. Lo hice el fin de semana tal como predije pero no ha decrecido, y creo que lo volveré a hacer el próximo. Y si me atrevo incluso saldré por la calle, quizás solo y todo si finalmente no puedo quedar con amig@s como yo, que es como tengo previsto hacerlo.
viernes, 17 de abril de 2009
Relación directa estrés-travestirme
Estoy estresada, ansiosa, el cerebro revolucionado. Llevo tres días laborablemente hablando en que el trabajo es intenso, como un grifo que no para de gotear van cayendo tareas de forma continua sin descanso entre una y otra y hasta se acaban acumulando. Ello coincide con unas ganas enormes de travestirme. Es curioso pero con frecuencia coinciden ambas cosas. Es como una válvula de escape.
En momentos en que necesito relajación y tranquilizarme me viene la necesidad de adquirir apariencia femenina, y el hecho de no poder realizarlo en el momento más álgido de esta necesidad hace que aumente aún más mi ansia. Mezclando estrés y ansia ya os imaginaréis que ganas tengo de explotar.
Veo difícil este fin de semana de poder satisfacer dicho anhelo; veremos como lo supero, sino el lunes no sé cómo será el comienzo de semana. El hecho de haber escrito este texto referiéndome a mi persona en femenina, es ya un síntoma y remedio momentáneo a la vez, de sentirme más relajada ahora mientras escribo
En momentos en que necesito relajación y tranquilizarme me viene la necesidad de adquirir apariencia femenina, y el hecho de no poder realizarlo en el momento más álgido de esta necesidad hace que aumente aún más mi ansia. Mezclando estrés y ansia ya os imaginaréis que ganas tengo de explotar.
Veo difícil este fin de semana de poder satisfacer dicho anhelo; veremos como lo supero, sino el lunes no sé cómo será el comienzo de semana. El hecho de haber escrito este texto referiéndome a mi persona en femenina, es ya un síntoma y remedio momentáneo a la vez, de sentirme más relajada ahora mientras escribo
viernes, 13 de marzo de 2009
Maridos travestis
Aquí van tres enlaces en los que podemos ver los correspondientes reportajes de hombres que supuestamente una vez terminada su jornada laboral, sin reparos, cohibición y con mucha naturalidad se transforman en mujer junto a su respectiva esposa o pareja. Que sana envidia si fuera tan fácil. Aunque realmente depende de uno mismo, ya que una vez la pareja acepta la situación, toda decisión de ser más o menos lanzado todas las "dificultades" dejan de existir.
Con qué envidia los miro y admiro.
http://it.truveo.com/Mi-marido-es-un-travesti-ChrisRachel/id/2023436151
http://www.dailymotion.com/search/marido+travesti/video/x8f8v1_mi-marido-es-un-travesti-robinroxie_school
http://www.dailymotion.com/search/marido+travesti/video/x8f8tv_mi-marido-es-un-travesti-denisdenis_school
Con qué envidia los miro y admiro.
http://it.truveo.com/Mi-marido-es-un-travesti-ChrisRachel/id/2023436151
http://www.dailymotion.com/search/marido+travesti/video/x8f8v1_mi-marido-es-un-travesti-robinroxie_school
http://www.dailymotion.com/search/marido+travesti/video/x8f8tv_mi-marido-es-un-travesti-denisdenis_school
miércoles, 4 de marzo de 2009
IV. Mi primer dia por la calle
Fue, como no, para unos carnavales, esas fechas en que a veces los disfraces significan algo más que un simple disfraz. Por carnaval, tal como relaté en mi primer capítulo, apareció mi curiosidad por la ropa femenina, y por carnaval también, tuve mi única experiencia con ese vestuario por la calle.
Resulta que entre el grupo de amigos estabamos decidiendo si disfrazarnos o no. No acostumbrábamos a hacerlo, y de hecho jamás lo hice ni me he vuelto a disfrazar desde entonces. Pero al comentar en broma y con una sonrisa (aunque en serio y con deseo dentro de mí) que si alguien se vestía de chica yo también lo haría, uno de mis amigos dijo que ok. No sé si lo dijo en serio, o solo como continuación de las risas. Pero cuando nos despedimos y quedamos en vernos todos por la noche, le dije a él más que nada para comprobar si había dicho aquello en serio: “nos vemos luego. Vendrás con la falda puesta o nos cambiamos en algún lugar?” ; a lo que me contestó: “salimos de casa ya disfrazados”. Esa respuesta fue la que yo esperaba como confirmación a que hoy sería el día de mi nueva experiencia.
Así que con vergüenza, pero como no queriéndole dar importancia de cara a mi familia (aunque para mí sí que la tenía y mucha) les comenté que esta noche habíamos quedado los amigos para disfrazarnos de chica, que era el disfraz más económico de todos. Le pedí a mi madre que me dejara cualquier vestido o prenda a la que no diera mucha utilidad para ponérmela esa noche. Yo ya sabía perfectamente todo lo que tenía, claro. Ella seguro que ni se lo imaginaba. Finalmente me dio un vestido de mi hermana, ya que por altura y estilo de vestir se ajustaba más a mi constitución física, pues era más bien alto y delgado. Así pues me puse uno de sus vestidos, no recuerdo si llegué a ponerme braguitas o slip, y me calcé con unas botas camperas que tenía yo, pero que eran perfectamente válidas para ambos sexos. Después mi madre procedió a maquillarme un poco, pintándome los labios y los ojos. Qué sensación más agradable sentí mientras me maquillaba, ... lo que me hubiera gustado poderlo hacer más a menuda delante de ella sin tener que hacerlo a escondidas. Estaba ya a punto de salir cuando, muy picaronamente por mi parte, y ya que carnavales es en plena época de frío, le sugerí que podría probar a ponerme unos pantys ya que no estaba acostumbrado a ir con las piernas al aire en invierno. Mi sugerencia dio resultado y con una sonrisa en los labios me dio unos (los cuales conocía perfectamente) y me los puse.
Finalmente salí de casa, y como no, una vez más se me cumplió la Ley de Murphy. Fui a topar en la escalera del portal con un vecino, le saludé como si nada casi sin mirarle por la vergüenza que sentía en ese momento, y él también me saludo sin hacer ningún comentario. Aunque ya tampoco me hubiera importado que me lo hubiera hecho ya que lo más difícil ya lo había conseguido y ahora ya estaba muy tranquilo, aunque un poco impaciente por saber que dirían mis amigos cuando me vieran. También se me pasó por la cabeza que quizás el otro amigo que me iba a acompañar con su disfraz hubiera decidido en el último momento no disfrazarse.
En fin, llegué al punto de encuentro y pocos comentarios recibí salvo el típico silbido de bienvenida y poco más. PRUEBA SUPERADA.
Pasamos la noche en una discoteca y algún que otro bar y por momentos, olvidaba que llevaba un vestido y medias puestas,...bueno era más difícil olvidarse de que llevaba las medias ya que la falta de costumbre hacía que se me pegaran en la pierna y constantemente tenía que separar el tejido de pierna, o me las subía y bajaba un poco. Me gustaba acordarme de que las llevaba.
Regresamos a casa a altas horas de la madrugada y me tocó ir en el coche haciendo de copiloto al lado del conductor. Y empezamos con las típicas bromas de haber donde iría a parar la mano del conductor al tener que utilizar la palanca de cambio de velocidad, etc. La verdad es que no había pasado por mi cabeza la posibilidad de verme sentado en el coche enseñando las piernas por debajo de una falda, con unas medias puestas. Fue una imagen que me gustó y pensé en ella más tarde una vez estuve ya en mi cama.Finalmente llegamos a casa, y ya con la almohada al lado fui haciendo un poco de balance de la noche. Llegué a la conclusión de que es la imaginación lo que más deseos levantaba en mí, ya que me sentía muy bien en los momentos en que sabía lo que llevaba puesto, pero en los momentos que no pensaba en ello me sentía como en cualquier otro instante de cualquier dia vestido de hombre. Y por esto mismo, me imagino que si estuviera en mi (y en cualquier hombre) la posibilidad de poder escoger cada dia el vestuario a ponerse (falda, pantalón, calcetín, medias, ...etc) sin haber distinción del mismo por el sexo de cada uno, seguramente no tendría esta afición, y quizás incluso le daría mucha menos importancia a todo ello. Pero la sociedad tiene unas reglas para el vestuario en función del sexo, y si alguien se las quiere saltar tiene que hacerlo a escondidas (normalmente) y por ello el deseo de hacerlo aumenta.
Resulta que entre el grupo de amigos estabamos decidiendo si disfrazarnos o no. No acostumbrábamos a hacerlo, y de hecho jamás lo hice ni me he vuelto a disfrazar desde entonces. Pero al comentar en broma y con una sonrisa (aunque en serio y con deseo dentro de mí) que si alguien se vestía de chica yo también lo haría, uno de mis amigos dijo que ok. No sé si lo dijo en serio, o solo como continuación de las risas. Pero cuando nos despedimos y quedamos en vernos todos por la noche, le dije a él más que nada para comprobar si había dicho aquello en serio: “nos vemos luego. Vendrás con la falda puesta o nos cambiamos en algún lugar?” ; a lo que me contestó: “salimos de casa ya disfrazados”. Esa respuesta fue la que yo esperaba como confirmación a que hoy sería el día de mi nueva experiencia.
Así que con vergüenza, pero como no queriéndole dar importancia de cara a mi familia (aunque para mí sí que la tenía y mucha) les comenté que esta noche habíamos quedado los amigos para disfrazarnos de chica, que era el disfraz más económico de todos. Le pedí a mi madre que me dejara cualquier vestido o prenda a la que no diera mucha utilidad para ponérmela esa noche. Yo ya sabía perfectamente todo lo que tenía, claro. Ella seguro que ni se lo imaginaba. Finalmente me dio un vestido de mi hermana, ya que por altura y estilo de vestir se ajustaba más a mi constitución física, pues era más bien alto y delgado. Así pues me puse uno de sus vestidos, no recuerdo si llegué a ponerme braguitas o slip, y me calcé con unas botas camperas que tenía yo, pero que eran perfectamente válidas para ambos sexos. Después mi madre procedió a maquillarme un poco, pintándome los labios y los ojos. Qué sensación más agradable sentí mientras me maquillaba, ... lo que me hubiera gustado poderlo hacer más a menuda delante de ella sin tener que hacerlo a escondidas. Estaba ya a punto de salir cuando, muy picaronamente por mi parte, y ya que carnavales es en plena época de frío, le sugerí que podría probar a ponerme unos pantys ya que no estaba acostumbrado a ir con las piernas al aire en invierno. Mi sugerencia dio resultado y con una sonrisa en los labios me dio unos (los cuales conocía perfectamente) y me los puse.
Finalmente salí de casa, y como no, una vez más se me cumplió la Ley de Murphy. Fui a topar en la escalera del portal con un vecino, le saludé como si nada casi sin mirarle por la vergüenza que sentía en ese momento, y él también me saludo sin hacer ningún comentario. Aunque ya tampoco me hubiera importado que me lo hubiera hecho ya que lo más difícil ya lo había conseguido y ahora ya estaba muy tranquilo, aunque un poco impaciente por saber que dirían mis amigos cuando me vieran. También se me pasó por la cabeza que quizás el otro amigo que me iba a acompañar con su disfraz hubiera decidido en el último momento no disfrazarse.
En fin, llegué al punto de encuentro y pocos comentarios recibí salvo el típico silbido de bienvenida y poco más. PRUEBA SUPERADA.
Pasamos la noche en una discoteca y algún que otro bar y por momentos, olvidaba que llevaba un vestido y medias puestas,...bueno era más difícil olvidarse de que llevaba las medias ya que la falta de costumbre hacía que se me pegaran en la pierna y constantemente tenía que separar el tejido de pierna, o me las subía y bajaba un poco. Me gustaba acordarme de que las llevaba.
Regresamos a casa a altas horas de la madrugada y me tocó ir en el coche haciendo de copiloto al lado del conductor. Y empezamos con las típicas bromas de haber donde iría a parar la mano del conductor al tener que utilizar la palanca de cambio de velocidad, etc. La verdad es que no había pasado por mi cabeza la posibilidad de verme sentado en el coche enseñando las piernas por debajo de una falda, con unas medias puestas. Fue una imagen que me gustó y pensé en ella más tarde una vez estuve ya en mi cama.Finalmente llegamos a casa, y ya con la almohada al lado fui haciendo un poco de balance de la noche. Llegué a la conclusión de que es la imaginación lo que más deseos levantaba en mí, ya que me sentía muy bien en los momentos en que sabía lo que llevaba puesto, pero en los momentos que no pensaba en ello me sentía como en cualquier otro instante de cualquier dia vestido de hombre. Y por esto mismo, me imagino que si estuviera en mi (y en cualquier hombre) la posibilidad de poder escoger cada dia el vestuario a ponerse (falda, pantalón, calcetín, medias, ...etc) sin haber distinción del mismo por el sexo de cada uno, seguramente no tendría esta afición, y quizás incluso le daría mucha menos importancia a todo ello. Pero la sociedad tiene unas reglas para el vestuario en función del sexo, y si alguien se las quiere saltar tiene que hacerlo a escondidas (normalmente) y por ello el deseo de hacerlo aumenta.
lunes, 2 de marzo de 2009
Carnaval perdido
Semanas atrás pensé que si las condiciones eran propicias, el fin de semana de carnaval lo pasaría vestido de mujer y moviéndome por donde fuere como tal. Pero coincidió que mi estado de ánimo no fue el más adecuado para esas fechas y además tenía las baterías bajas. Todo ello hizo que no se cumplieran mis propósitos. Otra vez será. Como siempre cuando puedo no tengo esas sensaciones que debería tener para transformarme, y cuando sí las tengo no es el momento adecuado para poder hacerlo. ¿Por qué no coincidirán las dos cosas alguna vez? Cada vez comprendo mejor lo de que cuánto más prohibida está una cosa, más ganas se tiene de hacerla.En fin otra vez será, y no precisamente para carnaval, sino mucho antes como ya ha sido otras veces; aunque no por un fin de semana entero
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