miércoles, 15 de julio de 2015

VIII. Dualidad desequilibrada

Cada vez comenzó a hacerse más difícil cambiarse en su casa. Constantemente entraban y salían amistades, familiares, etc... El tiempo de intimidad, por lo tanto, se reducía notablemente. Por el mismo motivo cada vez las salidas esporádicas se hacían más espaciadamente en el tiempo, y además deprisa y corriendo, con lo cual no eran satisfactorias.
La cuestión es que veía que ella se encontraba bien y cómoda rodeada constantemente de la gente que apreciaba y quería, pero consecuentemente ello nos quitaba tiempo y espacio para nosotros. Así que fui disminuyendo mis transformaciones al mismo tiempo que aumentaba mi ansia por hacerlo. Fui aguantando la situación esperando que las cosas se regularizaran un poco; sino como antes, al menos para disponer de una tarde o dia entero para nosotros solos. Pero no fue así. Pasaron unos meses y la situación no cambiaba, al contrario, se había hecho una constante y casi rutina el hecho de no disponer de nuestro espacio y tiempo. Mi moral fue minando, mi ilusión y entusiasmo iniciales debilitando, y mis esperanzas despareciendo.
Veía a mi pareja cada vez más desinteresada y alejada de mi problema; no digo que fuera algo consciente pero inconscientemente así lo fui sintiendo. Hasta que llegó un momento que no me encontraba a gusto en ningún sitio, fruto de no poderme haber comportado y mostrado durante meses como necesitaba hacerlo.
La complicidad que tenía con ella notaba que se difuminaba; su falta de interés al respecto lo corroboraba. ¡Cómo me hubiera gustado que un dia se hubiera ofrecido a ir de compras conmigo!
Mi comportamiento no comenxzó a verse alterado solo estando con ella en sociedad, sino que comenzó a afectar incluso a mi relacion con la sociedad en general: familiar, laboral, etc.
Fui entonces cuando ya no me quedó más remedio que hacer un replanteamiento de la situación, ya que mi parte femenina estaba encarcelada, oprimida, y sin ella mi parte masculina no sabía subsistir ni funcionar por sí sola. Andaba coja y falta del afecto y comprensión que le aportaba su simbiosis con la femenina, ahora no presente. En definitiva no tenía su complemento.

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