Que bonita sensación la experimentada hace pocos dias.
Después de una cita con una mujer para tomar un café, decidí regresar a casa montada en bicicleta.
No le di la más mínima importancia a hacerlo en principio. Pero una vez subida en ella, sentí una sensación inesperada mientras paseaba por la ciudad. La sensación de notar cierto aire fresco entre mis pantorrillas y el hecho de estar pendiente de no mostrar a los transeúntes la ropa interior que llevaba puesta, hizo de esta experiencia algo inesperado a la vez que fascinante.
No será, sin duda, la única ni última vez en moverme de nuevo en este medio de transporte tan personal.
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