lunes, 13 de julio de 2009

VIII. De nuevo a mi aire

Pasaron casi dos años hasta que concluyó mi relación de pareja. Me fui a vivir solo y me llevé conmigo las prendas que ella me dio, mis zapatos, pinturas etc.
Pensé entonces que ahora que volvía a ser independiente, podría dedicarme más enteramente a ello, comprarme ropa e ir todo el dia vestido con faldas por casa. Pero nada más lejos de la realidad. Quizás fuera el hecho de que hacerlo de nuevo a solas y sólo para mi propia intimidad ya no me atraía. Era algo que ya practiqué en una etapa anterior y bastante extensa de mi vida, con lo cual nada fue lo que yo tan ilusionado creía que iba a ser. Algún día desde entonces sí que me trasvisto, pero es casi más por no dejarlo en el olvido o después de haber visto alguna mujer muy bien vestida por la calle según mi gusto. Cuando veo alguna mujer con falda, medias y zapatos de tacón alto, me gusta tanto que me gustaría llevarlo también yo puesto. Y entonces, si que cuando llego a casa, y si aún me perdura la sensación, me transformo al menos de cintura a pies.
Ahora, y supongo que como continuación o una evolución en todo ello, me gustaría algún dia satisfacer mi curiosidad de poder salir a la calle vestido de mujer, pero con otra mujer al lado para no sentirme tan desamparado. Ir a comprar con ella alguna pieza para mí, o que me la regalara ella, y probármela en los probadores de la tienda, y ya puestos que la vendedora me diera su opinión sobre como me queda, jaja. Pero esto es ya una fantasía que no tengo previsto que se cumpla.
Eso sí, el dia que vuelva a vivir en pareja, no dudaré en poner en su conocimiento mi afición, para tenerla al corriente por si en alguna ocasión me de ponerla en práctica. No es una afición de adicción al juego, a las drogas, alcohol, ni nada por el estilo que pueda destruir o arruinar a la persona que tienes al lado, es sólo algo inofensivo como cuando un niño juega con un juguete cuando le place hacerlo. Si mi posible pareja no aceptara esto creo que no volvería a embarcarme en una relación a largo plazo. Aunque ya se sabe que en cuestión de sentimientos, éstos suelen vencer a la razón y lo previsto puede caer al mar y que se lo lleve las olas o ir a parar el fondo del mismo.

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